Infecciones virales más frecuentes durante la infancia

Autor: Hospital Vithas Xanit Internacional | Categoría: PEDIATRÍA | Fecha: 20-09-2019

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La vuelta al cole y la bajada de las temperaturas hace que las infecciones virales se disparen en esta etapa. Hoy, el Dr. Antonio Conejo, responsable del Servicio de Pediatría de Vithas Xanit, hace un repaso por las patologías virales más comunes en niños en la edad escolar y nos explica cómo debemos abordar estas patologías.

 

Fiebre sin foco

La fiebre es un signo común a prácticamente todas las infecciones. En ocasiones, los virus producen, además de la clínica general (pérdida de apetito, etc.), fiebre que no se asocia a ningún otro síntoma y se acompaña de una exploración totalmente normal. A esta situación se la llama fiebre sin foco y es extraordinariamente frecuente en la infancia. Generalmente dura entre 3 y 7 días, quitándose sola posteriormente sin necesidad de ningún tratamiento.

¿Cuál es el tratamiento y qué tengo que hacer en casa?

El único tratamiento es tratar de controlar los síntomas, en este caso el malestar general, con la medicación habitual (paracetamol o ibuprofeno). La fiebre como tal no necesita tratamiento, ya que es un mecanismo de defensa que hace que los virus se dividan con más dificultad, lo que acelera la recuperación de la infección. Sin embargo, cuando la fiebre causa malestar o decaimiento, sí se recomienda usar la medicación antitérmica habitual para mejorar el confort del paciente. Esto significa que hay que fijarse más en cómo de activo está el niño que en lo que dice el termómetro a la hora de decidir si dar alguna medicación o no. Si tiene fiebre pero el niño está activo, no hay que darle nada.

En general, se recomienda no alternar la mediación antitérmica, sino utilizar la menor cantidad de fármacos posible para controlar los síntomas. Si puntualmente lo necesita, puede utilizarse un segundo fármaco de forma alterna, pero la norma debería ser no hacerlo.

Puede pasar que la medicación consiga bajar un poco la temperatura pero queden algunas décimas. Esto es frecuente y no se asocia en general a mayor gravedad.

 

Nasofaringitis aguda (catarro de vías altas)

Los catarros virales son probablemente las infecciones más frecuentes de todas, sobre todo durante el curso escolar. Los síntomas principales son la tos, los mocos y la fiebre, además de los síntomas generales ya comentados (falta de apetito, etc.). Es muy frecuente que los niños se pasen los 2-3 primeros años de su vida continuamente con mocos, sobre todo durante el invierno.

¿Cuál es el tratamiento y qué tengo que hacer en casa?

Si no hay ninguna complicación al respecto, como otitis, problemas de audición o sinusitis, lo único que se puede hacer es tratar los síntomas. La fiebre se trata igual que se ha comentado en el apartado anterior, con paracetamol o ibuprofeno. Además de tratar la fiebre, podemos intentar limpiar la parte alta de la garganta y la nariz con lavados nasales para que el niño esté más cómodo a la hora de respirar e incorporarlo un poco para dormir para que la mucosidad no caiga directamente sobre la garganta y dispare el reflejo de la tos. Seguro que ha oído esta información en multitud de ocasiones por parte de su pediatra.

 

Bronquiolitis aguda

La bronquiolitis es el primer episodio de dificultad respiratoria en un niño menor de 2 años. Es muy frecuente todos los años durante el invierno y está causada por multitud de virus, aunque el más frecuente es el llamado “virus respiratorio sincitial”, conocido por sus siglas VRS. Afecta principalmente a niños de menos de un año. Empieza exactamente igual que un catarro de vías altas, pero en lugar de ir mejorando poco a poco, el niño va empeorando, con aparición de dificultad para respirar progresiva.

¿Cuál es el tratamiento y qué tengo que hacer en casa?

Al igual que la inmensa mayoría de infecciones virales, la bronquiolitis no tiene tratamiento curativo. Las medidas son similares a las del catarro de vías altas, con lavados nasales y posición incorporada. Como la mucosidad y la dificultad para respirar hacen que sea difícil tomar el pecho o el biberón, también se aconseja dar tomas de menor cantidad más veces al día. En ocasiones, se pueden administrar algunos aerosoles en el hospital para hacer que respire un poco mejor durante un tiempo, aunque eso no hace que el cuadro se cure antes ni evita las posibles complicaciones. En otras ocasiones, los niños pueden necesitar oxígeno, aerosoles repetidos o alimentación a través de una sonda, por lo que necesitan ingresar en el hospital.

La bronquiolitis es una enfermedad que puede ser grave, por lo que si el paciente tiene menos de 6 meses, come menos de la mitad de lo normal, tiene mucha dificultad para respirar o se queda sin respirar durante algunos segundos, es recomendable acudir a urgencias para una valoración pediátrica.

 

Gastroenteritis aguda

Los síntomas más frecuentes son la diarrea, el dolor abdominal, los vómitos y la fiebre, aunque no tienen por qué estar todos presentes a la vez (puede haber sólo vómitos, por ejemplo).

¿Cuál es el tratamiento y qué tengo que hacer en casa?

Lo más importante en el caso de las gastroenteritis es evitar la deshidratación. Sabemos que un niño está deshidratado cuando se encuentra muy pálido, ojeroso, adormilado, con la boca y los ojos secos.

Cuando el paciente está perdiendo mucho líquido en las heces y/o los vómitos, hay que reponer esa pérdida de agua y sales para que no se produzca un desequilibrio. La forma de elección para hacerlo es por la vía oral, mediante sueros comerciales preparados con la composición necesaria para esta situación. Cuanto más líquido se pierda en las heces y los vómitos, más cantidad de suero habrá que tomar. Siempre se recomienda que se haga de forma continua durante todo el día y en sorbos pequeños para evitar desencadenar el vómito. En el caso en que los vómitos sean muy frecuentes y no se tolere ni siquiera el suero, existen algunas medicinas que pueden parar los vómitos de forma eficaz para poder así reponer las pérdidas de líquidos por la boca.

Cuando la medicación para los vómitos no es eficaz o existe ya una deshidratación importante, puede ser necesario la rehidratación por vía intravenosa, para lo cual se necesita ingresar en el hospital durante unas horas o días. En esos casos más graves, puede ser necesario realizar algunas analíticas para comprobar que no se han perdido sales minerales en exceso o para planificar su reposición en caso de que sí haya un desequilibrio.

Pueden ser útiles los probióticos, que son concentrados de bacterias que forma parte de la flora habitual del intestino y que pueden ayudar a acortar la duración de la diarrea. La mayoría de los sueros comerciales llevan ya probióticos incorporados a su fórmula, lo que facilita mucho su administración.

En cuanto a la alimentación, no hace falta seguir una dieta especialmente blanda. Es mucho más recomendable tomar una dieta suave o normal que le apetezca al niño que forzarlo a comer algo que no quiera. El beneficio de la clásica dieta blanda no está bien establecido, así que no es demasiado importante insistir en ella. La leche, salvo datos de intolerancia a la lactosa que le dirá su pediatra, se puede tomar con normalidad. La lactancia materna, por supuesto, debe mantenerse sin cambios.

 

Manchas en la piel

Las manchas cutáneas, conocidos como “exantemas”, son muy frecuentes en la infancia como consecuencia de multitud de infecciones virales. Aunque son llamativas porque afectan a la piel, la inmensa mayoría de ellas son totalmente banales. Suelen aparecer bruscamente, aunque en general pueden seguir saliendo más manchas a lo largo de algunos días, para luego desaparecer poco a poco en días o semanas. La mayoría de las veces no se acompañan de otros síntomas (picor, dolor, etc.), aunque a veces pueden presentar fiebre. Hay algunos virus que producen cuadros específicos con nombre propio, como la varicela o el boca-mano-pie, pero la mayoría son inespecíficos y no es posible saber el virus causante, lo cual no es necesario ya que se quitan solas sin tratamiento.

¿Cuál es el tratamiento y qué tengo que hacer en casa?

En general, no hay que hacer nada salvo observar la evolución en casa. Sí puede ser importante identificar un tipo concreto, las “petequias”, que son unas manchas muy pequeñas, violáceas, que no desaparecen al extender la piel o poner un vidrio sobre ellas (se puede probar en casa con un vaso, por ejemplo). Aunque estas petequias se producen por infecciones virales banales en la gran mayoría de los casos, a veces pueden relacionarse con infecciones más graves cuando se acompañan de fiebre, por lo que es recomendable acudir a urgencias para valorar al paciente en estos casos.

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